domingo, 12 de julio de 2009

Como una alegre canción de danza (III)

Enrique López Castellón

                  

El primero de octubre de 1881, Nietzsche abandona la Engadina para regresar a Génova, con la ilusión de quien vuelve a su patria. A los dolores físicos sufridos se une lo que su editor, Schmeitzner, le escribe una y otra vez: "sus lectores no quieren leer más aforismos de usted". Nada, empero, arredra al pensador, y el espléndido puerto mediterráneo le ofrece las maravillosas perspectivas sobre la bahía, las villas de recreo que edificaron antaño intrépidos navegantes imprimiéndoles el sello de su indomable individualidad, sus antiguos jardines y alamedas, convertido todo ello en símbolo y escenario de la obra que redactará en su mayor parte durante  estos meses de otoño e invierno. "Me resulta dificil admitir que ya solo puedo vivir al lado del mar", escribe a su hermana en estas fechas, y posteriormente le declara: "aquí, en Génova, me siento orgulloso y feliz, completamente Príncipe Doria. Paseo, como en la Engadina, con un júbilo de alegría por las alturas y con la mirada en el futuro, como nadie antes de mí se ha atrevido a hacerlo. El que logre dar cima a mi gran cometido es algo que depende de circunstancias  que no se hallan en mí, sino en la "esencia de las cosas". Créeme, en mí se halla ahora la culminación de toda reflexión y trabajo morales en Europa, y de otras muchas cosas más. Ha de llegar todavía el día en que las águilas dirijan a mí la vista temerosamente, como en aquella estampa de San Juan que tanto nos gustaba cuando éramos niños".

El día antes de escribir esta carta ha asistido en el teatro Politeama de Génova a una representación de la ópera Carmen, de Bizet, cuya música "meridional" le exalta y tonifica. Sediento de esta sensualidad, aclarada la vista ante una perspectiva marina que invita a navegar hacia lejanas tierras, confiando sus experiencias íntimas a los jardines umbríos de las villas donde  moran dioses mitológicos esculpidos en piedra, Nietzsche piensa, anota, redacta, proyecta con la alegría inmensa de quien recobra la salud y redescubre el vigor y la fuerza.

Cuando empieza el año 1882, el filósofo ha dado ya un notable avance a lo que en este momento concibe como el segundo volumen de Aurora. "He acabado hace unos días - escribe a Gast en este mes de enero - los libros VI, VII y VIII de Aurora, y con ellos termina por ahora mi trababjo. Quiero reservarme para el próximo invierno los libros IX y X - no estoy suficientemente maduro para los pensamientos elementales que pretendo exponer en estos tres libros finales. Hay un pensamiento entre ellos que necesita "milenios", de hecho, para convertirse en algo. ¿De dónde voy a sacar el arrojo para expresarlo? (...) ¿Quiere usted mi nuevo manuscrito? Quizá le entretenga y distraiga. (No piense en la copia - hay tiempo todavía, un año o quizá mucho más). Pero recuerdo que debo leer yo mismo otra vez el manuscrito...Dado que ni la salud ni los ojos me responden, hace dos semanas que no puedo acabar esa corrección y repaso."

El mes de enero de 1882 es el más dulce que recordaran los viejos de Génova. Los melocotoneros y los olivos habían empezado a florear y ni el viento ni las nubes ni la lluvia empañaban la sucesión de días soleados. Nietzsche, a pesar de lo dicho, se anima a redactar el libro IX, "en agradecimiento por el maravilloso mes de enero que he vivido". El 5 de febrero ya puede prometerle a Gast este escrito, que culmina con un aforismo en el que plantea la cuestión del eterno retorno de lo mismo y con otro que incluye el comienzo de lo que será Así habló Zaratustra. Eran las dos ideas cuya expresiónexigía a Nietzsche fuerzas renovadas y que le habían hecho detenerse en su labor de redacción. En realidad, acababa para nuestro autor una época, la que se extiende de 1876 a 1882, en la que había dado a conocer su actitud como ilustrado (Humano, demasiado humano y lo que Fink llamará su "filosofía de la mañana" (Aurora y La gaya ciencia), iniciándose otra nueva, marcada por la impronta de Zaratustra.

Consciente tal vez de ello, Nietzsche cambia sus planes y en mayo de ese mismo año de 1882 le vemos en Naumburg ocupado en la confección del manuscrito para la imprenta, ahora bajo el nuevo título de La gaya ciencia, que aparecerá en su primera edición, independientemente de Aurora, el 20 de agosto en la editorial de Schmeitzner conteniendo los cuatro libros pensados originalmente como una continuación de su libro anterior. Cuando se reedite cinco años más tarde, La gaya ciencia contará ya con su último libro, el V, e irá acompañada de varios poemas y canciones a manera de epílogo.

Portada de la primera edición de La gaya ciencia.

lunes, 19 de enero de 2009

martes, 30 de diciembre de 2008

Documental sobre Nietzsche



Si no puede visualizar el video, lo puede ver en la siguiente liga:

http://www.youtube.com/watch?v=SW-kuHal7KI

domingo, 27 de julio de 2008

Como una alegre canción de danza (II)

Poco a poco le van llegando los libros que había solicitado a su fiel Overbeck. En sus lecturas alterna obras científicas, como la "Mecánica del calor", de Julius Robert Mayer, la "Historia del Materialismo", de Friedich Albert Lange, o la "Historia de la cultura", de Hellwald, con obras filosóficas: en este verano de 1881 conoce a través de un libro de Kuno Fischer la filosofía de ese otro gran solitario que fue Baruch de Spinoza, en quien Nietzsche hallaría un predecesor de su filosofía. ¿Cómo no iba Nietzsche a sentirse identificado con proposiciones de Spinoza como ésta: "EL ARREPENTIMIENTO NO ES UNA VIRTUD, O SEA, NO NACE DE LA RAZÓN; SINO QUE EL QUE SE ARREPIENTE DE LO QUE HA HECHO, ES DOS VECES MISERABLE O IMPOTENTE"?
Durante una de esas caminatas en este mes de agosto le asalta por vez primera la idea del eterno retorno de lo mismo, que generará una enorme ebullición en su interior y le hará tomar consciencia del sentido de sus reflexiones ulteriores. Una de las más antiguas concepciones de la sabiduría humana, con fuentes griegas (Anaximandro, los pitagóricos, Heráclito, los estoicos), iraníes, brahmánicas, budistas, emergió viva en la mente de Nietzsche, que vió incluso la posibilidad de justificarla apelando a la moderna ciencia de Vogt. Con todo, de momento, se sujeta a su plan previsto: la composición de los libros que habrán de completar a los cinco ya publicados en "Aurora". En estos escritos se debía dar cita sus lecturas cercanas o inmediatas: los neokantianos Zeller y Fischer, el esfuerzo de Otto Liebmann por eliminar "la cosa en sí" de la imagen crítica del Universo, por orientación filosófica del neokantismo, representada por Helmholtz, Fick y Lange, el darwinismo de Otto Caspari, el monismo materialista de Vogt, el inmanentismo moral de African Spir. Sin embargo, como el mismo atestigua en el aforismo 366 de "La Gaya Ciencia", Nietzsche no es de los que tienen ideas en contacto con los libros, sino que está acostumbrado "a pensar al aire libre, andando, saltando, escalando, bailando, sobre todo en montes solitarios o muy cerca del mar". Huelga decir que su quebradiza salud habría de chocar con semejantes métodos, siendo de señalar que, durante este verano, según confiesa a Overbeck y a Gast, el autor se ve asaltado por terribles sufrimientos que le hacen incluso esperar y aún desear la muerte. Solo diez días de esta prolongada estancia veraniega le han resultado soportables.
Continuará...
Autor: Enrique López Castellón.

martes, 22 de julio de 2008

Como una alegre canción de danza

Finalizada "Aurora", Nietzsche siente una enorme necesidad de proseguir sus colecciones de aforismos.El 28 de abril de 1881 abandona Génova para trasladarse a Recoaro, cerca de Vicenza, en orden a corregir con la ayuda de Gast su nuevo libro y a disfrutar del bosque, la montaña, y la amistad. Busca unas breves vacaciones tras un trabajo sin descanso, interrunpido por sus dolores de cabeza y de ojos, de las que le privarán el mal tiempo reinante y sus continuos sufrimientos. A primeros de julio se dirije a solas hacia la Alta Engadina, donde hallará un lugar ideal para pasar sucesivos veranos: Sils-Maria, un pueblecito situado en un grandioso valle con tres lagos, adonde llega el viento del Mediterráneo a través del desfiladero de la Majola, entre el circo de picos nevados que enmarca el paisaje. Allí alquila por tres meses una sola habitación cuya ventana da a los montes, lejos de ruidos y de gente. Trabaja desde muy temprano, pasea por los formidables senderos montañosos desde el mediodía hasta media tarde y regresa a su celda de obrero y de eremita con sus cuadernos llenos de anotaciones dispuesto a continuar su labor hasta la hora de la cena. Muchas noches, su meditación se prolonga unas horas más, en medio del imsomnio que le producen la ansiedad y los sufrimientos corporales. Tenía el proyecto de leer y escribir tanto que incluso le molestaba la posible visita de su buen amigo Paul Rée. "Considero enemigo mío - escribe a su hermana en esos días -a cualquiera que interrumpa mi trabajo en la Engadina...Una persona en medio de la trama, extendida hacia todas las direcciones, de mis pensamientos -eso es una cosa horrible; y si no puedo asegurar en adelante mi soledad, dejaré Europa por muchos años, ¡lo juro!".